Nosotros los de Oriente

Nosotros los de Oriente le dedicamos este blog, a la mayor ilusión de los niños, la de tener a alguien que se preocupe por ellos y los quieran.

Quiero resaltar con la gran ilusión con la que abordan este reto la mayoría de los padres, aunque quedan algunos que enarbolando la violencia por bandera, se empeñan en ser los protagonistas de este, y otros eventos, pensando solo y exclusivamente en ellos.


Melchor nos muestra su castillo

Gaspar con su yeguada

Baltazar con su camello

sábado, 9 de enero de 2016

Una petición muy especial

Una petición especial
Había una vez una niña  llamada Paula. Era una niña muy buena, que quería mucho a su familia y disfrutaba cuando estaban todos juntos. Sin embargo, desde hacía algunos meses Paula estaba muy preocupada.
Su abuela se había puesto un poco enferma ese año, y aunque estaba mejor, Paula aun la veía un poco triste de vez en cuando.
La abuela era una mujer bastante mayor a la que le dolían las piernas a veces, así que estaba mucho tiempo sentada en su mecedora. A veces pensaba que molestaba, pero claro nada estaba más lejos de la realidad.
Paula todos los días le traía del colegio dibujos y manualidades que había hecho. Y le contaba los cuentos que leían o que la misma abuela le había contado cuando era más pequeña. Su favorito el de la Poción de la Felicidad.
Uno de los últimos días de colegio antes de la Navidad, Paula llegó con grandes noticias.
-Mira abuela, mamá ya me ha conseguido la carta que tengo que escribirle a los Reyes Magos-comentó la niña moviendo con énfasis la carta frente a los ojos de la mujer.
-Es muy bonita Paula. Seguro que a los Reyes Magos les gustará mucho-contestó sonriendo la abuela.
-Mamá dice que tengo que mandársela por correo para que les llegue cuanto antes.  ¿Me ayudas a escribirla? “Por fi”-preguntó Paula juntando sus manos y enseñando su boca mellada.
-Claro que mi niña, coge un lápiz, y lo que necesites-dijo la abuela acariciándole el pelo.
Paula corrió por la casa para coger un lápiz, goma y una revista de juguetes. Se sentó junto a su abuela y ambas empezaron con la tarea. Mientras ellas estaban liadas con la carta, los padres de Paula se asomaban de vez en cuando y hacían fotos a las conmovedoras escenas.
Cuando Paula y su abuela terminaron de escribir la carta, la niña se volvió a su abuela y le preguntó:
-¿Vas a prepararle este año las galletas especiales a los Reyes Magos?
-No lo sé, pequeña. Soy ya tan vieja para esas cosas que no se si tendré fuerzas para prepararlas. Quizás sea mejor dejarles a los Reyes Magos unas galletas que compremos en el mercado. No creo que se enfaden-explicó la mujer.
Paula notó que su abuela se había puesto triste otra vez y sin decirle nada a ella decidió añadir una última petición en su carta antes de echarla al buzón.
“Querido Reyes Magos, tengo una última cosa que quiero pediros. Y es mucho más importante que todo lo demás. La cosa más importante del mundo mundial. Quiero que consigáis la poción de la felicidad para mi abuelita. No os olvidéis por favor”
*     *     *
Algunos días después en un Reino de Fantasía, los tres Reyes Magos ya habían empezado a recibir las cartas de los niños.

-Cada año que pasa entiendo menos los juguetes de hoy en día. ¿Ya no quedan simplemente peluches, cocinitas, coches, o bloques de construcción?-se quejaba Gaspar tras leer una carta.

-Amigos, ¿qué es un Kiddypet TickTack?-preguntó Melchor confundido buscando en un catalogo de juguetes del mundo.
-No me preguntes. Yo llevo una hora intentando adivinar que es un Mipossour Wowwie-contestó Baltasar de igual forma.
-No creo lo que ven mis ojos-murmuró Gaspar llamando la atención de sus compañeros-Melchor, Baltasar, tenéis que leer esta carta.
Ambos se acercaron a leer la carta, que como habréis adivinado no era otra que la de Paula.
*     *     *
Por fin se acercaba la gran noche. Paula estaba muy nerviosa. ¿Se acordarían los Reyes Magos de lo que había pedido para su abuela? Los niños del colegio le habían dicho que no se podían pedir cosas mágicas, pero su madre y su padre le habían dicho que era un detalle muy bonito que se acordase de su abuela y que estaban seguros que los Reyes Magos conseguirían algo para ayudar.
No se lo había dicho a su abuela, por miedo que lo los Reyes Magos no pudiesen conseguir nada y su abuela se pusiese más triste. Así que durante todas las fiestas se había esforzado ella misma en conseguir que su abuela sonriese más que nunca. Incluso la convenció para que la ayudara a hacer las galletas para los Reyes Magos.
Ese día su abuelita se sentaba a su lado en una sillita en la cocina. Paula iba a hacer la masa y las formas de las galletas siguiendo las instrucciones de la mujer, y luego su madre metería la bandeja en el horno con las galletas.
Así pues Paula se puso manos a la obra. Cogió un delantal, que le quedaba un poco grande, y se lo puso como pudo. Su madre además le colocó un gorro tapándole el pelo por lo que parecía una “cocinera profesional”.
-Muy bien-comenzó su abuela mirándola divertida-primero mezclamos en un bol grandecito la mantequilla y el azúcar.
La niña siguió las instrucciones de su abuela, batiendo con fuerza la mezcla. Continuó paso a paso haciendo de forma aplicada todo lo que le decía su abuela. Su padre sacaba fotos para inmortalizar el momento, mientras la madre miraba tristemente como quedaba su cocina.
Paula acabó manchada de masa y harina por todas partes. Sus padres y su abuela reían al verla.
Finalmente la abuela pudo sacar la última hornada de galletas y las colocó en un plato. Paula las miró con un mohín en los labios.
-Las tuyas siempre salen más bonitas-dijo con un puchero formándose en su boca-¿Crees que les gustara a los Reyes Magos?
La abuela cogió una de las galletas y la probó. Paula la miraba, mordiéndose el labio, muy nerviosa.
-Sin duda alguna les encantaran-contestó la abuela con una sonrisa y dándole a probar la galleta. 
Esa noche dejaron las galletas y unos vasos de chocolate caliente a los Reyes Magos, y con los nervios a flor de piel se fueron a dormir.
Cuando Paula despertó al día siguiente, fue corriendo a mirar los regalos. Estaba casi todo lo que había pedido. Su muñeca cantarina, la película de las princesas, los colores brillantes… pero no vio la poción de la felicidad.
Entonces se fijó en un sobre que había con su nombre en la mesita.
La cogió y abrió con cuidado. En el interior del sobre había una carta y además un montón de fotos con su abuela.
“Pequeña Paula, somos los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar. Nos dirigimos a ti para explicarte algo muy importante.
Nosotros no podemos darte una poción de la felicidad para tu abuela. No porque no queramos dártela, sino porque no existe tal poción. Pero no temas, pues hay algo que tu puedes hacer para que tu abuelita sea feliz.
Abrázala, bésala y dile todos los días lo mucho que la quieres. Continúa como cada día dándole ánimos, cuidándola y ayudándola. Y si la necesitas demuestra que la necesitas pidiéndole ayuda para ti misma.
Fíjate en las fotos que hemos conseguido. En ellas tu abuela está feliz, solo porque está contigo.
Sigue así, y seguirá siéndolo.
Firmado: Melchor, Gaspar y Baltasar
Por cierto, las galletas estaban riquísimas”
Cuando Paula terminó de leer la carta y comprobar en las fotos lo que los Reyes Magos decían, fue corriendo hasta el cuarto de su abuela para enseñárselo todo.
-Paula, ¿qué te han traído los Reyes Magos?-la saludó la mujer.
-Mira abuela-contestó ella mostrándole la carta y las fotos.
La abuela las miró con atención, y sonrió. Cuando hubo terminado abrazó muy fuerte a su nieta.
-No dudes que lo que dice la carta es verdad. Cuando estás conmigo soy la mujer más feliz del mundo.
-¿De verdad abuela?
-Por supuesto. El regalo que me hace más feliz es que mi nieta me quiera.
El abrazo que se dieron entonces volvió a quedar inmortalizado en una foto que decora la pared de la habitación de la abuela de Paula. Y la mujer es inmensamente feliz al verla por las noches antes de dormirse.
Fin
Dedicada a todas las abuelas del mundo, especialmente a la mía.

Natalia Romero León





















domingo, 26 de enero de 2014

EL PAJE QUE QUERIA SER COMO UN REY MAGO

EL PAJE QUE QUERÍA SER COMO UN REY MAGO


Durante el año, tanto los Reyes Magos, como sus ayudantes los pajes, observan a todos los niños del mundo para ver como se están portando. Además, cuando se va acercando la fecha clave, los pajes empiezan a organizarse para conseguir la lista de los nuevos juguetes que salen ese año al mercado.

De entre todos esos pajes, nos vamos a centrar en uno en especial. Es muy joven, uno que solo tiene 528 años, y que lleva trabajando con los Reyes Magos, casi 450. Este paje, siempre ha tenido las ganas de acompañar a Melchor, Gaspar y Baltasar la noche del día 5, y durante todo el año ha estado trabajando como el que más para conseguirlo.


 -Seguro que este año voy con ellos. Soy el que más ha trabajado con diferencia-iba diciendo entre sus compañeros.


-No deberías ir presumiendo de esa forma. Si has ganado con honores, lo sabrán y te llamaran para que los ayudes-le replicó uno de los pajes más viejos que llevaba trabajando con los Reyes más de 1900 años.


El joven paje se avergonzó levemente de su forma de actuar, y pidió disculpas a sus compañeros. Ese hecho lo observaron los tres Reyes Magos que en ese momento se acercaban a los pajes.


-Buena actuación, hijo-saludó Gaspar posando su mano en el hombro del paje.



-¿Cuál es tu nombre jovencito?-preguntó Baltasar.



-Me llamo Sam-respondió el joven un poco impresionado.


-¡Sam! ¡Qué nombre tan curioso! Debes ser muy joven para tener un nombre tan moderno-rió Melchor.


-Hemos oído, Sam, que quieres venir con nosotros la noche del 5 de enero-dijo Baltasar.


-Sí, me encantaría. Puedo ayudarles como el más fiel de sus pajes…







-Chico, tranquilo. No sois sirvientes. Sois amigos. No tienes que servirnos. Nos ayudas-explicó tranquilamente Gaspar.







-Pero tienes que saber que esa noche es muy dura. Hace mucho frio, pasamos toda la noche sin dormir, y puesto que viajamos por todo el mundo, es una noche muy larga-dijo Melchor.






-Soy consciente de ello, y les aseguro que puedo conseguirlo.







Los Reyes se miraron entre ellos, debatiendo que hacer. Cierto era que solían llevar a un par de pajes que los ayudaban a transportar los regalos, pero a veces era una noche muy dura incluso para ellos que estaban acostumbrados.





-Mira, Sam, haremos una cosa. Nos acompañaras a recoger las cartas el día cuatro. Te aseguro que también es un día largo y duro. Cuando acabemos, tú mismo decidirás si estás preparado para la noche, ¿de acuerdo?-expuso Melchor.





Y así lo hicieron. Durante todo el día 4 de enero, viajaron por el mundo recogiendo las cartas de los niños. El paje los ayudaba acercándoles los pequeños obsequios para los niños. También se aseguraba de que no faltase nada para ellos, y sobretodo ordenaba las cartas.





Cuando por fin el día terminó, el pobre paje cayó derrotado en su cama y no se despertó hasta bien avanzado el día 5. 






Melchor, Gaspar y Baltasar ya estaban terminando los últimos preparativos para esa noche con la ayuda de otros pajes jóvenes cuando vieron acercarse a Sam.






-Sam, desde luego debemos felicitarte por tu actuación de ayer-dijo Baltasar.







-Por supuesto. Nos ayudaste muchísimo, y estaremos contentos si te unes a nosotros esta noche-comentó Gaspar.




-Muchas gracias-contestó el joven paje-Pero creo que aún no estoy preparado. Solo fuimos a unos pocos lugares, pues la mayoría de cartas las recogen los visires, y aún así hubo momentos en los que no me vi bastante preparado. Seguiré trabajando, y puede que en unos 50 o 60 años pueda estarlo más.




-Muy buen discurso hijo. Estamos seguros de que serás un gran paje y que podrás ayudarnos perfectamente-dijo Melchor.








-Ve a descansar, te lo mereces-continuó Gaspar.






-Ayudaré a mis compañeros para que puedan partir sin problemas, y entonces descansaré. No podré acompañarles, pero me aseguraré desde aquí que no les falte nada.





Y así todos se pusieron a trabajar como locos para que todo saliese perfecto esa noche. 






Y estoy segurísima de que todo salió perfecto, después de todo a mi me regalaron justo lo que yo quería.  







       
         Natalia Romero